viernes, 12 de octubre de 2018

Homilía a 20 años de la Pascua de la Hna. Martha


Misa por el 20° Aniversario de la Pascua de la Hna. Martha Pereyra Iraola

Domingo XXI durante el año

Josué 24,1-a 15-17.18h

Efesios 5,21-33

San Juan, 6,60-69

Mons. Santiago Olivera, Obispo Castrense de Argentina:

En primer lugar, quiero compartir con ustedes la alegría de celebrar esta Eucaristía en la que pedimos para Gloria de Dios la pronta Canonización de la hermana, y claro en el proceso primero pedimos la Beatificación.

En esta Misa que es acción de gracias por excelencia damos gracias a Dios por su nacimiento: nos relata la misma hermana Martha: “Nací en Buenos Aires, el 26 de agosto de 1913, (hoy a 105 años de aquel día) es muy lindo el relato que ella hace de su infancia, que seguro conocerán, hay gozos y dolores relatados con mirada de fe. Sabemos de sus raíces, padre y madre, ejemplares. La Revista Jesuita dijo de su madre: “En ella todo fue cristiano, de pura sabia evangélica (…)”, allí en esta escuela, la mejor, que es la familia, nació y vivió la hermana Martha que ayer se han cumplido los 20 años de su Pascua.

Celebramos la vida y recordamos su muerte, celebremos su Pascua y renovamos la certeza que fue para muchos “la ternura de Dios que nos visitó”.

En la primera lectura que hemos escuchado vimos como el pueblo repasa su propia experiencia y responden como Josué y a Josué: “nosotros también serviremos al Señor, ya que él es nuestro Dios”, en la pequeña biografía que me han enviado decía que los padre intentaron enseñarles a sus hijos a “Vivir para Dios y para los demás” y los santos son aquellos que adelantándose a los tiempos nos recuerdan siempre la verdad y novedad del Evangelio, siempre es actual. No como algunos quieren hacernos creer. El Evangelio es actual y es el camino que nos conduce al verdadero gozo. Que consoladoras y esperanzadoras son las palabras del entonces Cardenal Bergoglio: “La hermana Martha es un rayo de luz que pasó por la vida de esta Arquidiócesis predicando, con su solo vivir, la mansedumbre del mensaje evangélico” por eso que pedimos confiados y con insistencia por la pronta beatificación y canonización, porque los santo son faros y modelos que iluminan.

Y es de desear que, al mirar a ella, también cada uno de nosotros renovemos el deseo de que con solo vivir prediquemos el Evangelio.

Nosotros también como Josué serviremos al Señor, – contestó el pueblo – la hermana Martha lo enmarcó y supo que el servicio al Señor se hace real y creíble en el servicio a los hermanos, la vida de la hermana Martha se fue transformando en un generoso camino de entrega fiel al amor del Padre y al servicio abnegado y silencioso que la necesitaban.

Providencial también el Evangelio que la Iglesia nos propone como alimento en este Domingo. “¿Señor, a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el santo de Dios”. Pedro responde en nombre de todos, el Pueblo respondió también desde la experiencia de Dios. Nosotros también debemos escuchar esta pregunta del señor y responder con la generosidad y certeza que el señor tiene palabras de Vida. Que seguirlo a él no es un camino que ahoga o asfixia, sino que engrandece la vía y el corazón, que creer es el camino que nos hace felices de verdad.

Que el Evangelio vivido es carga ligera y no una piedra que aplasta. Que seguirlo a él en la Iglesia, por la fe, es un don y no una pesada herencia que nos limita o cercena. Esto esperan hoy de nosotros nuestros hermanos. El testimonio que necesitan ver los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

Es duro este lenguaje le dicen algunos de los discípulos a Jesús, y sin embargo son palabras de vida, algunos de ellos se alejaron. ¿Y ustedes, pregunta el Señor, también quieren irse? Sabemos lo que respondieron algunos de los discípulos. Y nosotros ¿qué responderemos?

Los santos son los que no se fueron. Son los que por sus ejemplos de vida ayudaron a otros a seguir adelante en el seguimiento del Señor. Son los que a pesar de la dureza y exigencia que en muchos casos supone vivir y encarnar el Evangelio se mantuvieron de pie, firmes en la fe.

Por último, quisiera compartirles lo que dijo en el prólogo del libro: “Martha Pereyra Iraola, La Ternura de Dios entre nosotros”, de Fray Contardo Miglioranza, el Cardenal Bergoglio: “Muchas veces hablé con ella y, después de esas conversaciones, salí renovado y con deseos de seguir más de cerca al señor. A ella le debo mucho, pues su ejemplo me fortaleció para seguir adelante en el servicio del Señor”. Pidamos la intercesión de la sierva de Dios para que el Santo Padre, el Papa Francisco, siga con fortaleza la misión y el servicio que el Señor le ha confiado.

+Santiago Olivera
Obispo Castrense de Argentina

miércoles, 3 de octubre de 2018

Grata celebración

Foto: diario As de Colombia 
El festejo del gol de River con el que se impuso a Independiente por 3 a 1 en los cuartos de final de la Copa Libertadores de América, fue para mí lo mejor del partido porque dejó reflejada la gratitud de Santos Borré y de Juan Quintero.
Si bien ambos equipos jugaron bien, River demostró desde el principio un mayor dominio del campo de juego y creó más situaciones de gol. El equipo conducido por Macelo Gallardo alcanzó una madurez futbolísitica que se puede ver en la mecánica y en el ritmo de su funcionamiento.
Cabe agregar que, particularmente, Borré es uno de esos jugadores que se lucen y cuyo desempeño es crítico para la superación.
Así y todo, siendo estos chicos ricos y famosos, hábiles de toda habilidad y con un gran esfuerzo a lo largo de su carrera profesional, a la hora de festejar su conquista no quisieron destacar sus propios logros ni sus revanchas personales. Con sus rostros plenos de felicidad y de rodillas, elevaron sus miradas y señalaron al Cielo.
Esta foto merece ser destacada por lo que transmite, en una época infestada de imágenes paganas. Esta dupla señalando al cielo es la celebración misma de la Acción de Gracias.+

martes, 2 de octubre de 2018

Sobre el subsidio a la Iglesia

Diario Los Andes, Mendoza.
Jueves, 19 de abril de 2018
Relación histórica entre Iglesia y Estado en la Argentina: ¿quién sostiene a quién?
Por Edgardo Fretes,
Docente y Comunicador



Cuando con "inocencia discutible" algunos medios tomaron de más de 1.000 preguntas a Marcos Peña, jefe de ministros, justo la que tiene que ver con el sostenimiento de la Iglesia, como noticiable o relevante, se volvió a abrir un viejo debate sobre la relación Estado - Iglesia Católica.

Verdad Histórica
Dice Héctor Ruiz Núñez en su libro "La Cara Oculta de la Iglesia": "La mayor parte de los bienes de la Iglesia argentina tienen su génesis en la época colonial. En los siglos XVI y XVII la corona española cedió cientos de miles de hectáreas a los obispados y a los conventos que se establecieron en el nuevo mundo. En el siglo XVIII, en cambio, el crecimiento de las propiedades eclesiásticas derivó de donaciones y herencias".
En lo que hoy es Argentina, la Iglesia tenía 35.000 hectáreas de campos donde luego se establecieron los partidos de Luján, Merlo, Avellaneda, San Pedro, Arrecifes, Moreno, Quilmes, Magdalena y Tres de Febrero; en la provincia de Buenos Aires. También la Iglesia era propietaria de 300 manzanas en la actual Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
La renta que producían estas tierras servían al sostenimiento de las obras religiosas, el mantenimiento de orfanatos, hospitales y a la creación de nuevas comunidades y parroquias, en una región que crecía con gran velocidad demográfica.
Continúa el reconocido (anticlerical) periodista de La Nación: "Bernardino Rivadavia, siendo ministro de Gobierno de Martín Rodríguez, produjo un hecho que durante 150 años fue motivo de debates y reclamaciones entre la jerarquía eclesiástica y el gobierno: expropió numerosos inmuebles de la Iglesia ‘no necesarios para el culto’. Los sucesivos decretos no se limitaron sólo a los bienes, también reglamentaron distintos aspectos de la actividad religiosa, dentro de un proyecto conocido como Reforma Eclesiástica".
Esto ocurría en 1822. El detalle a tener en cuenta es que, a diferencia de lo que sucede en la mayoría de las expropiaciones, el Estado no dio a la Iglesia pago o indemnización a cambio. Muchas comunidades religiosas quedaron literalmente en la calle, tal fue el caso de los Monjes Recoletos a los que se les quitó la propiedad donde hoy podemos visitar el Cementerio de la Recoleta.
Luego fueron las sucesivas Constituciones, las de 1853 y 1994, las que consagraron en su Artículo 2, el sostenimiento del Culto Católico y fue el gobierno militar de la última dictadura el que promulgó una ley dando respuesta definitiva al reclamo de la Iglesia, por aquella renta que había dejado de recibir por los bienes expropiados.
Pero hay más. Alguien insospechado de clericalismo como Bernardo de Irigoyen, en la sesión del 11 de agosto de 1871, de la Convención Constituyente de Buenos Aires, decía: "La verdad del caso, Señor Presidente, es que la Iglesia se sostenía con los bienes que poseía, donados por los fieles. Vino el año 22 en que el gobierno concibió la idea patriótica de una reforma general, y en ella comprendió también al clero. Se inició pues la reforma eclesiástica, y para llevarla a cabo sancionó una ley que en su artículo 19 dice lo siguiente: ‘Desde el 1 de Enero de 1823, quedan abolidos los diezmos y las atenciones a que eran destinados serán cubiertos por los fondos del Estado’. Viene enseguida otra disposición de la misma ley de donde resulta que no fue la Iglesia Católica la que trató de ser sostenida por el Estado sino que fue el Estado el que tomó posesión de todos los bienes de la Iglesia, el que suprimió las contribuciones con que la Iglesia se sostenía, y que fue el Estado el que creyendo que estaba realizando una reforma liberal, una reforma de alta conveniencia pública, dijo: Tomo a mi cargo el sostén del Culto Católico en este país. Ésta es la verdad histórica".
Es decir, en sencillas palabras: la Iglesia en Argentina era una organización autofinanciada e independiente del Estado. Fue el Estado el que la quiso hacer dependiente para disciplinarla e intentar manejarla en su acción y discurso. Y esta verdad no la dice la Iglesia.

Los colegios católicos
La gran mayoría de los colegios católicos del país reciben subvención estatal para el pago de sueldos. Esto es cierto. Tan cierto como que son los mismos religiosos los que gestionan esos colegios y los mismos fieles los que los mantienen en infraestructura y mejoras, elevando el nivel educativo y haciendo patria en lugares rurales y de difícil acceso.
Pero la ecuación podría ser al revés: En lugar de sacar la cuenta de cuánto "gasta" el Estado en los subsidios de los sueldos en los colegios católicos, me gustaría preguntar: ¿Cuánto gastaría el Estado si el 30% del total del alumnado del país, que concurre a establecimientos católicos, fuera a escuelas públicas? Un Estado que es corrupto, obeso y poco diligente, ¿cuánto erogaría en el funcionamiento de tal infraestructura?

El sostenimiento al revés
Según se desprende de la información que brindó el jefe de Gabinete en el Congreso, el Estado destina anualmente unos 174 millones de pesos al sostenimiento del Culto Católico. Ahora bien, en un país con un 30% de pobreza, la Iglesia apoya y acompaña en las grandes ciudades y en los rincones más recónditos del territorio, a muchas familias que se encuentran agobiadas por el peso de un Estado que no llega a curar todas las llagas y a atender todas las necesidades.
La Iglesia Católica en Argentina, a través de Cáritas Nacional, invirtió durante 2016 en educación, ayuda inmediata y emergencias, desarrollo institucional, abordaje de las adicciones y economía social y solidaria, más de 94 millones de pesos. Si tenemos en cuenta que la colecta de Cáritas se divide en tres tercios, el primero para Cáritas nacional, el segundo para la Cáritas diocesana y el tercero para Cáritas parroquial, el número se multiplica por tres y pasamos, sólo en 2016 a mucho más de 282 millones, puesto que no estamos considerando las donaciones que en todas las parroquias se reciben a diario, para el desarrollo de Cáritas y que no se cuantifican, porque se van destinando casi en forma instantánea para cubrir las necesidades de miles de familias.
No nos olvidemos de la Colecta +x-. Durante 2016 esta colecta distribuyó entre las zonas más pobres del país, más de 35 millones de pesos.
Así las cosas, teniendo en cuenta un mínimo crecimiento del 20% entre 2017-18, la Iglesia Católica en su conjunto, estaría erogando para paliar necesidades donde el Estado no está, alrededor de 380 millones de pesos.
Obviamente la Iglesia "hace el bien sin mirar a quién" y nunca va a reclamar por este rol de caridad que le es propio, al Estado, al que sí le es propio velar por el bienestar de todos sus ciudadanos.